Tal vez juzguéis extemporáneo tratar ahora sobre la Huelga General del 29M. Quienes la vivimos en Barcelona y participamos en la cabecera de la manifestación tenemos sobrados motivos para no olvidarla en una buena temporada. Mis quehaceres me impidieron dar rienda suelta a la indignación acumulada, tanto por lo que sufrí como por la propaganda oficial que trataba de justificarlo, más allá de un par de entradas en Facebook. Al poco tiempo, y a pesar de la deformación de los hechos que veía en los medios, fui leyendo en algunos blogs aportaciones muy próximas a lo que yo viví y hubiera querido transmitir, aunque en un tono más contenido y acertado que el que yo hubiera podido aportar entonces.
Os recomiendo, por ejemplo, este post del blog El listo y otro de Webos Podridos. Parecía que estábamos en lo que algunos dieron en llamar "la primavera árabe", la verdad estaba muy distante de la versión oficial y sólo asomaba en los blogs de gente no alineada con el régimen de turno ni mediatizada por los grandes medios, hasta que antesdeanoche rompió el hielo Jordi Évole, en su programa en La Sexta "Salvados", con su línea y estilo habituales. Esta misma mañana, el blog "Librepensamiento sin cátedra" lo ha bordado con otro post centrado en la profesión periodística y, de paso, la manipulación informativa.
Los periodistas lo llevamos muy mal
A menos que se restaure el "contrato social" abolido tras tanta Reforma Laboral y recorte social, o que se apacigüe la creciente conflictividad social por métodos menos previsibles en el talante de nuestros actuales gobernantes (me refiero a soluciones que no pasen por apoltronar al frente de los informativos de las cadenas públicas a los/as periodistas más serviles y encarcelar sindicalistas y otros líderes combativos, aprovechando el caldo de cultivo ya sembrado mediante la criminalización administrativa y mediática), me temo que el aumento de las pólizas de nuestros seguros profesionales va a sobrepasar ampliamente el Índice de Precios al Consumo (IPC).
Como el deterioro de las condiciones laborales entre los periodistas tampoco acompaña, deberemos alegrarnos de nuestro despido o, como plan B nada despreciable, dejarnos matar por las fuerzas vivas de este nuevo orden "democrático". Bien mirado mataríamos dos pájaros de un tiro -tres, incluyéndonos, ya encontrarán el modo de perdonarnos este involuntario protagonismo-, por un lado ahorrarnos disgustos futuros (un buen principio en época de austeridad sólo para algunos; los más débiles, claro está) y, por otro, dejar a nuestras familias un remanente que con el que sobrellevar estos "malos tiempos para la lírica", antes de que la indigencia y el abaratamiento del despido nos ponga en manos de Cáritas Diocesanas. Aunque prefiráis otra ONG, se ha de decir en honor a la verdad que su comportamiento en estos tiempos difíciles no está siendo confesional (no exigen tener fotos con Sant Francesc de Sales, vaya). Lo que sí cabe cuestionarse, de Cáritas o de cualquier ONG, es su capacidad para resolver problemas estructurales y de calado con simple caridad, cristiana o laica tanto da.
Quejarse de la supuesta abulia, pasotismo o irresponsabilidad de la juventud es uno de los lugares comunes más frecuentes. Como todo tópico, no por más repetido es más cierto; de hecho, presentaré en seguida algunas evidencias que demuestran lo contrario. Esas quejas suelen ir aderezadas de paternalismo, moralina barata y autobombo sobre los supuestos sacrificios y esfuerzos de nos tocaron vivir a los ya adultos. Yo no soy tan hipócrita, tal vez tenga demasiado presentes las circunstancias en que vivieron mis antepasados, y afortunadamente -"No hay mal que por bien no venga"- la adversidad generalizada, que afecta especialmente a los más jóvenes (el 80% de los puestos de trabajo destruidos en los últimos años eran jóvenes con trabajos precarios, de modo que el paro juvenil supera ya el 50%; la carestía de la vivienda les impide emanciparse de la protección familiar...) están atemperando este despropósito ideológico.
Es evidente que buena parte de la juventud se implica en actividades sociales, culturales, de voluntariado... Sin embargo, persiste la tendencia a recriminarles su desafección a los partidos políticos, los sindicatos... incluso cuando se refieren a los activistas "indignados" del 15M, Democracia Real Ya!, Revolución Global Ya!, Afinidad Rebelde (más conocida por su reciente publicación ¡Rebelaos!), o el Movimiento 17-s y sus publicaciones "Crisis", "¡Podemos vivir sin capitalismo!" y "¡Queremos vivir sin capitalismo!"... Hay muchos movimientos similares que confluyen o divergen con el tiempo y, si bien denigran nuestro supuesto sistema "democrático" y evitan comprometerse con siglas políticas o sindicales (aunque sin cerrarse a negociar pactos tácitos o tácticos con ellos), propugnan un profundo cambio socio-político y económico... de hecho, toda una revolución por métodos pacíficos. Algunos les llaman "los antisistema" despectivamente, como si el sistema fuera la virtud suprema o tuviera algún honor del que enorgullecerse.
La explotación laboral se ceba en los/as más jóvenes
No voy a tratar de profundizar en lo que ellos explican perfecta y claramente a quien quiera oirlo/leerlo (¡ahí quedan los enlaces!), sino a plantear las causas evidentes que explican su desafección y la justifican sobradamente, a mi entender, aunque algunos se empeñen en no querer verlas. Para ello seguiré, entre otras fuentes, un artículo publicado en el nº 163 de Diagonal por Laura Mora, profesora de Derecho Laboral en la Universidad de Castilla-La Mancha. Dicho artículo se publicó en diciembre de 2011, cuando todavía no se había perpetrado el Reforma Laboral "amplia y equilibrada" del gobierno del PP, que agrava hasta extremos insufribles la ya entonces injusta e insostenible precarización del trabajo juvenil (aunque ahora ampliado hasta los 30 años mientras la tasa de paro supere el 15% que, al paso que vamos, es muy probable que dure un lustro).
Las denominadas "prácticas no laborales" en empresas (los/as becarios/as, para entendernos) y las modalidades contractuales recientes dirigidas al fomento de la contratación juvenil -como el "contrato para la formación y el aprendizaje", el "contrato en prácticas" o el "contrato de fomento de la contratación indefinida"- no son invenciones del PP, sino que llevan el cuño original de las reformas laborales realizadas por el PSOE (la primera Reforma Laboral, Ley 35/2010 y, posteriormente, el Real Decreto 1543/2011) con el beneplácito de los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO) y medios de comunicación. Todos ellos, en mayor o menor medida, nos han cantado las bondades y buenas intenciones de tales medidas; el problema es que quienes padecen las consecuencias reales, los/as jóvenes, no disfrutan con tanta música celestial en estéreo y, en consecuencia, a sus ojos el sistema "democrático" ha perdido toda credibilidad. Hay muchos más factores, indicios y pruebas para una desconfianza relativizable, pero lo que sufres en propia piel y de forma tan directa y clara te condiciona absolutamente.
Nunca tendrán casa, ni trabajo digno, en nuestro sistema "democrático"
El título del libro-reportaje "No tendrás casa en la puta vida" se convirtió en uno de los eslóganes de las primeras movilizaciones antisistema. Para los jóvenes sigue siendo válido hoy, a pesar de la caída de los precios de la vivienda en compra o alquiler, porque lo que se acuñó entonces como sueldo "mileurista" ha perdido ya uno de sus ceros: una de las últimas medidas del gobierno de Rodríguez Zapatero condenaba a los jóvenes de entre 18 y 25 años a trabajar por el 80% del Indicador Público de Renta de Efectos o Múltiples (IPREM), esto es 426 euros al mes netos, afortunadamente para ellos, porque se les incluye en la Seguridad Social sin tener que cotizar por ello (con cargo a las aportaciones de las clases medias y trabajadoras, pues las empresas que los contratan también están exentas) pero, eso sí, sin derecho a paro ni indemnización por despido cuando el contrato concluya. Y el PP se ha limitado a ampliar la edad del trabajo juvenil precario desde los 25 a los 30 años, tan ricamente.
El resultado de todo ese conglomerado sucesivo de normas laborales con rango ley disfrazan, bajo un lenguaje asépticamente técnico y mucha propaganda televisada para iletrados funcionales, una realidad difícilmente aceptable para quien la padece: el trabajo juvenil precario en el mejor de los casos, prácticamente gratuito en su mayoría. Y se añade algo de la misma o parecida gravedad: esta injusticia se financia con los impuestos "de todos" (este asunto lo trataremos en otro momento, pero "de todos" quiere decir, en realidad, de las clases medias y trabajadoras que aportan la inmensa mayoría de los recursos del erario público a través de los impuestos, mientras las beneficiarias de la reducción de costes laborales que significan dichas medidas, las empresas, se les condonan las cuotas a la Seguridad Social).
Hasta aquí puedo llegar hoy, porque son casi las 00h del 29 de Marzo de 2012 y, por supuesto, me declaro en ¡Huelga General!
Somos permanentemente "bombardeados" con propaganda-información sobre dispositivos móviles y las tecnologías, servicios y ofertas comerciales asociadas. Desde hace unos días el asunto amenaza con sobrepasar el umbral de saturación tolerable, porque la semana pasada se ha celebrado en Barcelona el Mobile World Congress, una feria-congreso internacional que reúne al alto Estado Mayor de una de las industrias más pujantes del momento. Su abultado presupuesto me permite aseguraros que los medios de comunicación nos van a seguir hablando de ello,
Sin embargo, en todo ese raudal informativo no he visto ni oído nada, ni una sola palabra, sobre una realidad evidente y abrumadora: la industria del móvil está implicada en la destrucción del medioambiente, el esclavismo laboral y algunas guerras. ¿Sorprendente? Pues lee en Blogger el post "Lo que oculta el Mobile World Congress": resume las denuncias recientes, con pruebas fehacientes documentadas desde 2006. Es la eterna paradoja de este reino de libertad, democracia y promisión en que algunos dicen que vivimos. Los mismos que, ojalá me equivoque, seguirán ocultando una información tan relevante y novedosa (no es nueva, pero permanece silenciada desde hace mucho tiempo).
La insoportable gravedad de un preaviso de Huelga
Contrasta esta apatía ante asuntos tan graves con la agria polémica en las semanas previas al Congreso por el anuncio de Huelga de los trabajadores del Transporte Metropolitano de Barcelona (TMB), como consecuencia de un conflicto laboral y ciudadano que finalmente se recondujo mediante negociaciones de última hora. La Huelga pre-avisada, de haberse materializado, habría interferido en el normal desarrollo del Congreso, seguramente no tanto como algunos han pretendido, pero no se puede negar la interferencia ya que por eso, supongo, se eligió esa fecha: para presionar.
Era perfectamente previsible el discurso agresivo de los máximos responsables políticos en el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Cataluña, de la dirección de la empresa pública TMB y las altas instancias empresariales afectadas. Además de la industria del móvil, los hoteles, restaurantes... No me consta que las putas protestaran o, por lo menos, no en la prensa ni ante los micrófonos, aunque de todos es sabido que es un sector cuya facturación, tan relevante como opaca, es tributaria de la masa de ejecutivos que acuden a la Feria. Los argumentos esgrimidos fueron los de siempre: que si la imagen de la ciudad, los ingresos y puestos de trabajo, la crisis...
Resulta más duro de encajar que algunos ciudadanos antepusieran tan aguerridamente su derecho a ir en transporte público a la feria-congreso de marras, en la Plaza de España, frente al derecho de otros muchos ciudadanos desfavorecidos a protestar por los recortes y el súbito y desmesurado encarecimiento de un servicio público tan básico como el transporte, o al derecho de los trabajadores a protestar por el flagrante incumplimiento de los pactos firmados con la empresa.
Aparte de la campaña empresarial e institucional contra la plantilla de TMB, sus delegados de personal y otros representantes sindicales comprometidos en la lucha (hasta aquí, perfectamente previsible en la "lógica" de los conflictos laborales), algunos particulares llenaron todo tipo de medios, convencionales y digitales, con sonoros reproches que cuestionaban el compromiso de la plantilla de TMB y sus representantes con la ciudadanía, la honestidad de los sindicatos y hasta el derecho de Huelga.
Todo parecía coordinado, no digo que lo estuviera, y en sintonía con los curiosos parecidos en las campaña electorales de CIU y el PP -salvando las distancias nacionales, que no es lo esencial en esta materia- y la paralela a la gestación y presentación de la reforma laboral, que también parecía coordinada entre la patronal CEOE-Foment del Treball, el área económico-laboral del gobierno del PP y los medios afines, que son casi todos. Ya digo, puede que no lo estuviera, pero parecía todo muy trabado.
Cabe suponer que quien puede afrontar el coste de los dispositivos móviles de última generación y los servicios asociados, dispondrá de alternativas privadas de transporte. Luego ¿qué justificaba tanta agresividad? Está claro: algunos no sólo equiparan los derechos laborales y sociales de todos con sus derechos personales como consumidor, sino que se ven tan crecidos en esta coyuntura que hasta intentan imponer su superioridad.
La violencia como problema estético
Coincidiendo con el MWC2012, el día 29 se convocó y celebró, esta vez sí, un Huelga en la Enseñanza universitaria que consiguió un amplio seguimiento, no sólo entre los estudiantes y profesores universitarios y no sólo en Barcelona. La movilización del sector de la enseñanza en su conjunto viene caldeándose desde que, hace ya muchos años, se incluyera a la "privada concertada" como parte del "servicio público" y, como tal, del derecho a la enseñanza y libre elección de centro. Desde entonces sufragamos todos las escuelas pijas de algunos, porque a cambio del soporte público no se exige la gratuidad y, por tanto, las posibilidades económicas hacen de filtro de entrada. Además ahora, en tiempos de recortes presupuestarios, las administraciones prefieren cerrar centros y líneas en la pública, en favor de la privada concertada, como pudimos comprobar los asistentes a la movilización convocada ante el Parlament de Catalunya cuando iban a aprobarse uno de los presupuestos más selectivamente restrictivos (en servicios públicos básicos) de los últimos tiempos, porque los medios tampoco entran en estos detalles, más allá de cuatro generalidades y las imágenes de la protesta.
En las semanas previas, las protestas estudiantiles de Valencia ya habían alertado sobre la manipulación que los medios afines al "establishment" hicieron de los altercados: un abuso de poder por parte de la Delegada del gobierno, ejecutado por la policía antidisturbios, acabó siendo presentada como violencia juvenil -puro vandalismo- incitada por los partidos de izquierda. Pero lo cierto es que, cuando se puso el bozal a la policía ante la exigencia de dimisión de la Delegada y la previsible radicalización de la protesta, se acabaron los altercados. Sin embargo hay algunos -no sé bien si se trata de desesperados o de irresponsables- a quienes se la trae al pairo el análisis de las circunstancias: aunque van de revolucionarios, aplican su inflexible "catecismo" (dejo su análisis para otro momento) llueva o haga sol, Y así, el día 29 en Barcelona unos pocos atolondrados quemaron contenedores y coches particulares, destrozaron sucursales bancarias y, lo realmente relevante de todo, desacreditaron ante la opinión pública la protesta justa y pacífica de la inmensa mayoría de los manifestantes. Esta vez, al contrario que en la última Huelga General no convocada por los sindicatos mayoritarios o en la protesta del movimiento 15M ante el Parlament de Catalunya, no podemos acusar a la policía infiltrada ni a las alcantarillas del Estado.
No seré yo quien me dedique a criminalizar este tipo de protestas, para eso ya están los de siempre, y el código penal y las instituciones al servicio de los de siempre (los medios son sólo un apéndice servil). Sin embargo, sí me sumo a quienes les demandan que dejen de utilizar como parapeto a las personas que acuden a las convocatorias y movilizaciones reivindicativas, pero pacíficas. No es un problema de "moralismo", "colaboracionismo", "contemporización", "tibieza", "cobardía"... Es táctica revolucionaria: ni sus conatos de violencia, ni la quema de cajeros y mobiliario urbano van a cambiar nada sustancial, sólo conseguiremos nuestras fines sumando a la mayoría o, como mínimo, una masa crítica a la desobediencia. Lo que si están consiguiendo estos descerebrados es retraer a los tibios e indecisos, y que los portavoces de las protestas en Valencia tengan no sólo que insistir más de lo necesario en su repulsa de la violencia, sino poco menos que pedir perdón por "haber herido la sensibilidad de las falleras mayores" con sus protestas pacíficas durante las fiestas.
El Banco Central Europeo (BCE) vuelve a abrir hoy la barra libre de la financiación barata para los menos necesitados, quienes hoy mismo echarán a la calle a cuitados deudores a los que engañaron con inmuebles sobrevalorados, intereses exorbitantes y productos financieros basura. Los datos que se van conociendo sobre el comportamiento de los Bancos y Cajas de Ahorro españoles con todo ese caudal público me están convenciendo de que, efectivamente, este cachondeo "no es crisis, se llama capitalismo". Capitalismo cutre, además, puro expolio al estilo colonialista, sólo que los colonizados somos ahora quienes no cotizamos en Bolsa (pero de eso hablamos otro día, que hoy no estoy de humor ;-) http://www.youtube.com/watch?v=zpgr9Ysa7AE&feature=player_embedded
El gobierno socialista ya les había proporcionado fondos públicos -lo relativizaron argumentando que no eran créditos, sólo avales, pero no dejan de ser recursos públicos inmovilizados para beneficio privado-. Supuestamente, el esfuerzo de las arcas públicas se realizaba para que esas entidades privadas reactivaran el crédito y la economía productiva, cosa que no ocurrió, ocurre ni ocurrirá (http://ow.ly/9lWah).
En diciembre pasado el BCE les prestó, esta vez sin ambages, medio billón (bellón no, 500.000 millones =:-0) de euros públicos durante tres años al 1% de interés -ya lo quisiera yo para mí, o para gente mucho más necesitada- supuestamente para que sanearan sus cuentas -¡qué hay de las nuestras!-. ¿Y cómo sanean sus cuentas? Pues invirtiendo el dinero de todos en deuda pública con un interés de, como media, el 3,3% (http://ow.ly/9lWd8).
Es como la caridad, pero al revés y sistemático, nada de limosna o propina ocasional: los pobres regalamos a los ricos, los trabajadores a las sanguijuelas, que están ganando un 2,3% (11.500 millones al año, más lo que pillen hoy) sin arriesgar ni aportar nada más que papeleo, mucha cara y horas de Telediario convenciéndonos de que, no sólo es lo más conveniente para todos ;-), si no que además "es lo que hay: o esto o el desastre". Y yo me pregunto ¿no es esto ya el desastre? ¿Qué esperanza nos queda cuando se entregan los exiguos recursos públicos, detraídos de servicios básicos, a quienes sólo miran por su propio interés?
Valoro positivamente la acción llevada a cabo por Enric Durán contra el sistema bancario, creo que ya lo dejé claro en mi anterior post, y en cierto modo siento admiración por su osadía y arrojo. Sin embargo, también expresé mis dudas y reparos sobre la efectividad de la misma y me propongo ahora explicarme un poco más. Además, su opción personal me parece algo descabellada y algunas de sus reflexiones, desenfocadas.
Como decía, las acciones como la que nos ocupa llaman poderosamente la atención del público sobre nuestra causa, que ya es mucho: nos permiten exponer al gran público nuestros puntos de vista sobre la realidad presente y nuestro proyecto alternativo, aunque de forma descontextualizada y extremadamente simplificada, como corresponde a la lógica de los medios de comunicación de masas. Pero cabe preguntarse si convencemos, si atraemos realmente a la opinión pública hacia nuestras ideas y posiciones. Desde mi punto de vista, no: acabamos convertidos en unos “freekis” más, tan aptos como cualesquiera otros para convertirnos en un producto “cultural” de consumo, en un contenido banal más de los que ofrecen los “mass-media” a su público.
No pretendo decir que la repercusión mediática de la acción haya sido contraproducente, o que carezca de sentido, quede esto claro. Su sola mención y presencia en los medios ayuda a difuminar la visualización social de los anarquistas como enemigos públicos peligrosos y armados que se dedican a quemar Iglesias, atracar bancos y poner bombas. Era una idea socialmente muy arraigada a finales del siglo XIX y principios del XX, y frecuentemente no relativizada por el hecho de que nos armábamos para defendernos de los pistoleros que la patronal pagaba para asesinarnos, o de que algunos, y sólo algunos, atentaban contra las instituciones y personalidades que nos perseguían por nuestras ideas y por nuestros actos de rebeldía y subversión (huelgas y revueltas, fundamentalmente), aunque acabaran juzgándonos -sin ninguna garantía, con la condena asegurada de antemano- por hechos delictivos en los que no habíamos participado en la inmensa mayoría de los casos.
A parte del aspecto propagandístico, que tiene su importancia, y de las cuestiones éticas asociadas al mismo (resueltas con una simplicidad eficiente: “quien roba a un ladrón…”), el meollo de la cuestión está en la utilidad práctica de la acción. Ya dije en su momento que me parece perfecto como medio para financiar causas loables, y todavía mejor para animar a la gente a rebelarse contra el sistema. Más adelante entraré sobre los métodos de acción que propone Enric, pero no puedo pasar por alto su iluso objetivo último: acabar con el sistema. Es de una ingenuidad apabullante y ya expliqué las razones que me hacen pensar así: por una parte, el sistema es más resistente de lo que pueda parecer y, por otra, no se le puede pedir a la gente que se lance al vacío, al menos no a la gente que tiene algo que perder. Y todos los seres vivos, hasta los más desarrapados, tenemos algo que perder.
Si nos apeamos de un objetivo tan pretencioso y lo dejamos en plantarle cara al sistema, algo más realista y presentable, me parece coherente su propuesta de que saquemos nuestro dinero, poco o mucho, del sistema bancario convencional y lo invirtamos en la banca ética, o formemos cooperativas autogestionarias -sean productivas, de consumo, de vivienda…-, aunque esto último ya requiere de la participación de más gente y, además, gente muy bien avenida porque, así y todo, a veces da más disgustos que alegrías.
Pero no, Enric presenta esas propuestas en segundo lugar y como mal menor para los tibios y flojos como yo. Lo que él se propone es acabar con el sistema y para ello está dispuesto no sólo a “echarse al monte” (desaparecer una temporada, vivir en la clandestinidad hasta que los delitos prescriban y sin ningún tipo de patrimonio personal ni medio de vida conocido hasta que prescriban las deudas) sino incluso a “martirizarse”: si su acción levanta el clamor popular, está dispuesto a regresar y dar la cara, a dejarse encerrar (porque con su discurso intransigente, es el trullo lo que le espera, por más que la peña lo arrope y defienda, yo el primero). Y llega a pedirnos que le emulemos… No sólo le admiro, es que me siento identificado con él: hace resurgir en mí al ingenuo idealista que yo era a su edad.
No sé bien como seguir, todo lo que puedo decir a partir de aquí puede sonar a discurso paternalista y acomodado (al menos, así me hubiera sonado a mí cuando tenía la edad de Enric), pero no puedo dejar de reflexionar sobre lo que voy aprendiendo con los años, no sobre la sociedad, ni sobre la economía, el sistema político, la revolución…, ni sobre cualesquiera otras grandes ideas o entelequias, sino sobre algo mucho más importante, prioritario y concreto: yo mismo. Contra lo que pueda parecer, no soy especialmente egoísta ni narcisista pero es un hecho que, si nos despreocupamos de nosotros mismos, no podremos actuar acertadamente sobre lo que nos rodea, incluyendo a las personas o ideales que amamos o que, simplemente, nos importan. Nuestro propio bienestar, realización personal y felicidad es, o debiera ser, el principio y objetivo último de cuanto hacemos. Yo intento servir a los intereses colectivos al mismo tiempo que a mis ideales, en coherencia con mis valores, pero espero no incurrir nunca más en el error de obsesionarme tanto con alguna causa que llegue a anteponerla a mi propio bienestar, realización personal y felicidad. Somos, o debiéramos ser, el principio y fin de todo, sin nosotros todo lo demás carece de relevancia, nos sobra.
Me viene a la memoria una de mis lecturas preferidas de juventud (¡divino tesoro!), una de las más perjudiciales que pueda leer un joven sin el sentido crítico bien desarrollado (no era mi caso, creo). Se trata de “El Catecismo revolucionario” (originalmente se titulaba “Reglas en las que debe inspirarse el revolucionario”)escrito por Bakunin y Netchaiev (un fanático nihilista ruso, tenebroso y desalmado, que consiguió embaucar y comprometer a Bakunin en algunas de sus fechorías) hacia 1870 y publicado en España un siglo después, en 1987, por la revista “Libertad” de la Coordinadora de Apoyo y Solidaridad a los Presos Anarquistas (CASPA). Este desdichado catecismo de Bakunin (escribió otro con el que no debe confundirse, titulado “Catecismo de la Fraternidad Internacional”), comienza con el capítulo “Deberes del revolucionario hacia él mismo” y dice así:
“El revolucionario es un hombre que ha sacrificado su vida. No tiene negocios ni asuntos personales, ni sentimientos ni ataduras; ni propiedades, ni siquiera un nombre. Todo en él está absorbido por (…) una única pasión: La Revolución […] En lo más profundo de su ser (…) ha roto todo lazo con el orden burgués y el conjunto del mundo civilizado, así como con leyes, tradiciones, moral y costumbres […] desprecia la opinión pública (…) Para él lo moral es lo que facilita el triunfo de la revolución - y lo inmoral y criminal lo que lo contraría […] El revolucionario ha sacrificado su vida, por lo tanto ya no se pertenece (…) Debe estar dispuesto a soportar todos los tormentos-.(…) duro consigo mismo, debe serlo con los demás. Simpatías o sentimientos que podrían reblandecerlo y que nacen de la familia, la amistad, el amor o el agradecimiento, deben ser ahogados por la única y fría pasión de la obra revolucionaria (…) debe estar dispuesto a morir pero también a matar con sus propias manos a aquellos que se opongan a esa realidad. La naturaleza del verdadero revolucionario excluye todo romanticismo, toda sensibilidad y entusiasmo. También excluye cualquier sentimiento de odio o venganza personal. –A su pasión revolucionaria (…) debe unirse el más frío cálculo (…) debe obedecer no a sus impulsos personales, sino a lo que exige el interés general de la Revolución-.”
No podemos entender las ideas y escritos rusos de 1870 sin tener en cuenta las circunstancias históricas en que fueron concebidos y expresados, ni las condiciones de vida de quienes las escribieron: pobreza, persecución, represión brutal… malgastaron sus cortas vidas encarcelados, viendo caer muertos a sus compañeros, huyendo y peregrinando de un exilio a otro, de una revuelta a otra. Desde esa perspectiva, no resulta tan chocante el odio militante y aguerrido que destilan sus palabras y planteamientos. Pero, en todo caso, ¿puede merecer la pena una revolución que se asienta en palabras y planteamientos tan inhumanos? Para ellos tal vez sí, porque la realidad que les tocó vivir y pretendían cambiar era aún más inhumana pero, ¿y para nosotros, en nuestros tiempos y circunstancias?
Yo creo que nuestra revolución debe basarse en el placer y la realización personal, debe ser una revolución para disfrutar y no para sufrir. Por tanto, debe ser personal, amable e incruenta, modesta y paciente. Antes de nada, debemos demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de construir en nuestro fuero interno el mundo que queremos y propugnamos, y sólo después, tratar de extenderlo a nuestro entorno más próximo e inmediato. Tal vez el gran error sea pretender ir más allá de lo razonable, vencer de una vez y por todas a fuerzas inasequilbles, a las que ni siquiera conocemos bien... ese es el camino que aboca a la derrota, la frustración, el resentimiento y el odio. El fin no justifica los medios utilizados para conseguirlo, sino que los medios utilizados condicionan el fin que se obtendrá.
Me duele la situación personal de Enric, porque ya no tiene marcha atrás. Puede optar entre vivir exiliado o en la clandestinidad, que me parece la mejor opción, o en convertirse en un preso irreductible que sacrificará su vida y eso me dolería profundamente. Ha habido ya tantos casos así que lo que yo me pregunto es ¿por qué alguien que puede elegir -porque para algunos no hubo otra opción posible- se decanta conscientemente por esta opción? Y lo único que se me ocurre es que hay personas que no saben bien qué hacer con su vida y, en un momento de obnubilación, se decantan por el papel de "salvador" de los demás.
El complejo de "salvador" ha sido tratado profusamente por la Psicología moderna (también se le ha llamado "síndrome de Eco" y, en su vertiente femenina, fue objeto de un bestseller de Robin Nortwood: "Las mujeres que aman demasiado"). Según parece, afecta fundamentalmente a personas con baja autoestima y miedo al abandono que tienden a agradar, a ser complacientes con los demás, y establecer unas relaciones basadas en la dependencia, incluso pueden sentirse especialmente atraídas hacia personas que sufren una adicción, para volcarse en ellas sin recibir nada a cambio, incluso llegando a soportar situaciones de maltrato. La tragedia de estas personas es encontrarse con quienes padecen el complejo de "víctima", a menudo seres narcisistas y manipuladores que les vampirizan emocionalmente.
Por favor, ¡que nadie se sacrifique por mí!, ¡que nadie me salve! Y, por favor también, recordadme que no debo sacrificarme por nadie, ni salvar a nadie que no esté dispuesto a hacer cuanto esté en su mano para salvarse a sí mismo.
Mañana, sábado 11 de octubre, se celebra en Manresa a las 18:00 la "Jornada Solidaria con Amadeo Casellas" (http://cnt-ait-manresa.blogspot.com/2008/09/jornada-solidaria-amb-amadeu-casellas.html), un activista anarquista que atracó bancos en los años 70 y 80 para financiar actividades subversivas y se ha convertido en uno de los presos sin delitos de sangre con más años de condena efectiva que haya habido nunca en España. El 17 de septiembre se hacía pública la acción de Enric Durán, que ha "expropiado" 492.000 euros a 39 bancos y entidades crediticias mediante engaño en operaciones de crédito para inversión o consumo, pero que han sido destinados a financiar diversas causas antisistema y una campaña pacífica en la que denuncia las injusticias en que se basa nuestro sistema. Son dos formas de activismo especialmente sonadas que me hacen reflexionar...
Os recomiendo especialmente los apartados "Una crida a l'acció (Un llamamiento a la acción)" y "La fusió entre dues tradicions activistes (La fusión entre dos tradidiciones activistas)". La acción de Enric no es un arrebato acalorado ni un hecho aislado, sino premeditada y coherente con todo un proyecto de lucha para el cambio socio-económico y político, como se puede apreciar ahondando en su publicación CRISIS (http://polaris.moviments.net:8000/es/crisis). Me permito citar un estracto para animaros: "aprovecharemos esta oportunidad de llegar al público, para explicar no ya la crisis crediticia sino el transfondo que hace que el sistema financiero actual sea una gran estafa para la gente trabajadora, así como un peligro para la sostenibilidad de la vida en nuestro planeta. Entenderemos de este modo el papel que juegan los bancos, como los principales responsables de todo".
En cuanto a Amadeu Casellas, acaba de superar una huelga de hambre de 76 días hasta conseguir la promesa -todavía sin concretar- del Sindic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán) de que solicitará a Serveis Penitenciaris (la Administración penitenciaria catalana) los permisos y el tercer grado a que tiene derecho según el Código Penal (véase la última entrevista publicada en Blanco y Negro, http://www.rojoynegro.info/2004/spip.php?article23877). Durante los casi 30 años que lleva preso (fue detenido por primera vez en Septiembre de 1979 y reincidió en dos ocasiones más), han sido muchas sus huelgas de hambre y actos de rebeldía e insumisión, incluídas algunas fugas o quebrantamientos de condena, pero difícilmente se puede seguir alegando "mal comportamiento" en su contra: protestar cuando tienes razones para ello es un comportamiento perfectamente razonable y democrático.
Amadeu delinquió en un tiempo en que muchos como él creíamos en la legitimidad de la lucha armada, incluso simpatizó con ETA y Terra Lliure, algunos de cuyos presos fueron compañeros suyos de celda en la 2ª galería de "La Modelo" de Barcelona, donde se concentraba a los entonces "presos políticos" de izquierdas. Hoy en día yo ya no creo en la legitimidad de la violencia como forma de lucha y creo que Amadeo tampoco, al menos eso han puesto en su boca algunos medios de comunicación. Lo indudable es que, aunque cometió delitos armado, no pesan sobre él delitos de sangre. Y ni Mario Conde, ni De la Rosa... ni el mismísimo De Juana Chaos han sufrido tantos años de condena sin pasar al tercer grado.
El debate sobre la legitimidad de la lucha armada en la España actual me parece ya superado, no voy a incidir en él. Sobre lo que sí me cabe reflexionar es sobre las nuevas formas de lucha que apuntan acciones como la que Enric Durán ha venido a recordarnos (Lucio Urtubia es un precedente mucho más espectacular, véase http://es.wikipedia.org/wiki/Lucio_Urtubia, y http://www.lucio.com.es/lucio.html). Plantearlas como formas de financiación revolucionaria o de denuncia solcial me parece aceptable, pero creo que deberíamos prevenirnos contra fáciles excesos: pretender la destrucción del sistema capitalista por estos medios me parece, en primer lugar, ingenuo y, en segundo lugar, irresponsable. Cuando hablamos de "el sistema" no podemos olvidar que hablamos de un entramado muy complejo, ni que sus problemas y convulsiones acaban afectando a personas de carne y hueso.
Unas pérdidas millonarias para algunas entidades bancarias sólo significan números rojos en sus balances que, si no son compensadas por los seguros, acabaremos pagando de uno u otro modo el resto de los sufridores mortales. Tal vez rueden algunas cabezas directivas o, a lo sumo, se produzca una absorción por otra entidad bancaria o, todavía peor, que el Estado intervenga y acabemos pagando entre todos los platos rotos. Una crisis del sistema siempre significa sufrimiento, necesidad y miseria para casi todos, pero especilmente para los más desfavorecidos.